14 may. 2012

Yo lloré por México


Confieso que nunca fui muy patriota, disfrutaba la ceremonia de honores a la bandera porque usaría mi uniforme de gala y entonaría los himnos de nuestra nación, entonces tenía 7 u 8 años y no entendía que amar a un país o amar a una bandera requería de amor propio como todo en la vida. Disfrutaba del hecho de cantar y de vestirme más bonito que el resto de la semana, podíamos pasar más tiempo en el patio y al final de la ceremonia se les aplaudía a los alumnos sobresalientes, era en realidad un evento social, más que un protocolo académico o civil. Por eso nunca me identifiqué como patriota.


Todavía en los años 90’s se impartían clases de civismo desde la primaria disfrazado con el nombre de “sociales” y a los niños nos hacían aprender las reglas de convivencia elementales, aunado a un poco de historia o eventos que han marcado al mundo; no se trataba de cuánto dinero tenías, o de qué familia provenías, la educación estaba ligada a la cultura. Era común entender la expresión “Ese señor que tira la basura en la calle, no fue a la escuela”, sin embargo hoy, pasamos desapercibido a tal señor sin consciencia social, ambiental, civil, porque su mala acción es inocua comparada con la serie de desgracias que vive México actualmente.

Yo no pensaba en el país como “mi País”, mi sentido de pertenencia estaba completamente basado en las personas: Mi familia, mis amigos, mi perro, mis juguetes. Ha de ser normal para la mente de un niño, pero el llegar al estado de plena consciencia, ese “darse cuenta” de dónde vivo, a dónde pertenezco, qué nacionalidad tengo, por qué. Es una tarea de autoconocimiento que pronto determina tanto tu futuro como ciudadano, profesionista e individuo. Es decir, como parte de una sociedad, como servidor de la sociedad, y como individuo para ti mismo.


Los mexicanos hemos tenido conflictos de identidad desde tiempos inmemorables como pueblo, pero ese no es el tema de éste manifiesto, el tema es que aún con esas tendencias blondas y complejos, hemos sabido hacer cosas bien, muchas cosas bien. Somos diferentes y eso es lo que nos sucede. Cualquier extranjero de cualquier parte del mundo, puede venir y enamorarse de algún elemento en México, ya sea un sitio turístico, del carácter de su gente, o el clima noble; somos diferentes.

Hemos sabido ser agricultores, y empresarios; artistas, médicos, científicos etc. En México hay profesionistas de mucha calidad que están listos para el reto. La educación en México es ampliamente criticada, pero más que la “educación” como sistema, lo que está mal es la gente detrás de ese “sistema”. Los niños, los jóvenes quieren aprender y tarde o temprano aprenden bajos sus métodos o por autodidaxia, los adultos estudiosos se perfeccionan y completan su educación con fuentes electrónicas o impresas. Hay materia prima intelectual y mano de obra, en México hay recursos y no se trata de que no existan las plazas suficientes para el empleo, o que seamos retrógrados faltos de disciplina y compromiso, más bien faltan trabajos que sean dignos de igualar la capacidad intelectual y la preparación del profesionista de nivel medio. No existen los puestos suficientes para satisfacer la necesidad de empleo de esos seres preparados. Esos puestos, están ocupados por funcionarios públicos en el gobierno, aunque sean sujetos sin el mínimo grado de cultura o educación. Y para los que les falta escuela, va siendo tarea de los empresarios apoyarnos unos a otros como sociedad; emplear a esos muchachos con ganas de aprender y pocas oportunidades, educarlos y culturizarlos. 


Existen los recursos pero están siendo mal empleados, nuestro bono demográfico se va por la borda mientras vemos como esa generación productiva tiene su mente ocupada en pensamientos y actos destructivos. La insistencia en la “competitividad” provoca en los líderes de opinión, estrategas y gobernadores, a mermar los recursos naturales debido a la compleja obsesión de querer encajar entre los países populares. México junto a ellos se mira como el niño de 12 años queriendo salir de excursión  a la montaña con los grandes.
Se le debe recordar a ese adolescente que antes hay que prepararse y no tomar decisiones precipitadas, pues puede poner en riesgo su vida y la de los demás. El niño México hace berrinche y se escapa a escondidas a la excursión, las consecuencias ya todos las conocemos, las vivimos.
Para tomar decisiones asertivas se requiere de madurez, de experiencia, de una mente estratega que vea por el beneficio de los demás y del propio. Desgraciadamente, nuestro país ha sido liderado, y puesto en manos de infantes mal educados con sed de poder, de "tener el juguete de moda", de presumirlo en la cara de su enemigo, hasta de romper lo que le causa envidia y hacer berrinche si las cosas no les salen bien. Así son nuestros funcionarios, así son nuestros diputados, senadores y presidentes desde siempre, no hay uno que se salve.

Nuestros jóvenes entonces son el reflejo de una micro esfera de frustración y hambre de tener, poder y hacer. Nada se les logra, lo consiguen con sus propias manos, igual que los gobernantes, y matan si es necesario.
Lloro por México, porque se encuentra en coma y no se si despertará. Nunca había vivido una crisis con tanta violencia y destrucción. Yo soy del Estado de México, llevo a penas dos años viviendo acá y cada día rezo porque a mi pareja y a mi nos proteja Dios y un vecino valiente.


La inseguridad es altísima, los vigilantes de nuestra seguridad dan más miedo aún, y en las colonias aledañas de nuestra ciudad las cosas no son tan distintas. Todos nos miramos con desconfianza, con titubeo, cuidamos nuestras cosas como si fuésemos a poner nuestra vida en ello. Más de la mitad de las personas que conozco, han sido asaltadas más de una vez en el Estado de México, lloré nuevamente de miedo cuando supimos del violador asesino que anda libre por estos lares sin un gramo de terror en su consciencia por lo que hizo. Ser mujer y subirte en una micro o una combi hoy día es arriesgar tu vida de forma exponencial  y lo más frustrante de todo es que la ciudad necesita su transporte, la gente necesita trasladarse, recuperar su colonia, su espacio, su paz interior, su libertad para confiar en un extraño, hacerle plática, cederle o compartirle el asiento, recuperar su país, su normalidad y naturalidad del mexicano, estar feliz y ser cálido con su paisano sin miedo ni desconfianza. Las personas ya estamos molestas e indignadas porque mientras los pendejos de nuestros gobernadores "la cagan", ellos sí andan en coche blindado con guarros mientras los demás nos tenemos que fletar la vida real que han creado; los asesinos que han soltado, los empleos que han negado, el desmadre de ciudad que nos han dejado con sus puentes a la mitad, segundos pisos y obras inconclusas.

Los gobernantes han tomado de rehén a nuestro país y eso bonito con lo que crecimos. Verdaderamente sufro porque México está en coma y no se si despierte, nunca había estado tan enfermo, tan agonizante. Y aunque nunca fui muy patriota siempre me gustó cuidar mis cosas o lo que estuviera bajo mi cuidado. Cuidé muy bien mi ropa, mis juguetes, mis animales, procuré a mis amigos y pareja, veo por mis padres y hermanos, estoy libre de culpas o remordimientos porque sé quién soy y de mis errores aprendí a tiempo, yo no veo mi persona reflejada en lo que ahora le pasa a México, yo exijo un país que esté a mi nivel, y estoy segura que muchos piensan esto, que éste no es su país, así no es como lo conocen, está desfigurado e irreconocible, exijo que nos lo devuelvan.


Nunca fui muy patriota, pero  la gente a mi alrededor lo es, aman su país, aman a México, y yo quiero que ellos estén contentos, que ya no se preocupen más, que puedan estar tranquilos de dónde crecen sus hijos y dónde vivirán sus nietos.  
Hoy noto que estamos viviendo un fenómeno interesante a nivel nación, podría compararlo con las etapas de un duelo que sin describirlas sólo las mencionaré para cada uno llegue a sus conclusiones y se sitúe en la etapa que más le identifique.

Etapa 1: Negación y Aislamiento
Etapa 2: Ira
Etapa 3: Pacto o Negociación
Etapa 4: Depresión
Etapa 5: Aceptación


México no está muerto, sólo agoniza pero en verdad yo vivo su duelo, he superado la etapa de la ira, y regreso a la negación, "me niego a pactar o negociar con mi sentimiento" que duro sería llegar a la aceptación; aceptar la situación en México. Revivamos nuestra fuerza, nos necesita más que nunca, no permitamos que individuos sin preparación y con una mente psicópata lleven nuestro país a la tumba, no le entreguemos nuestro poder a ellos. Somos más, somos más fuertes, somos México.

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